domingo, 28 de febrero de 2016

Cal amigurumi relámpago de Marzo

                        Nuestra compañera Jazmín tiene preparado un nuevo CAL llamado relámpago porque a penas quedan unas horas para apuntarse. De manera que pasa enseguida por su página para enterarte de los detalles. 
                               ¿Nos vemos en el CAL?
                                                               Nita.

jueves, 25 de febrero de 2016

Sket Zulú

                                                                          SKET 2                  
                                     
                                    Un día de sol, ambiente tranquilo y tripita llena.  Son los ingredientes  perfectos para que  un gato se tire a la bartola, si no todo el día, al menos buena parte de él.
                                    Zulú había escogido el tronco de un árbol para tomar el sol, a éstas alturas no para ponerse moreno, claro, más bien calentarse del pasado frío nocturno. Pero los gatos aunque parezca que duermen a pierna suelta, su instinto innato no descansa, eso a veces es lo que les salva la vida. Sin contar por supuesto  con  su extraordinario oído y finísimo olfato.
                                   En ese estado de adormilamiento se encontraba, cuando a un bichito le había llamado la atención su orejita izquierda y cada vez que rozaba sus pelillos, ésta se sacudía para espantar el posible intruso. 

                                  A Zulú no le importaba mucho la molestia de una mosca o mosquito pero la insistencia sí y cuando esto ocurría lo que sacudía era la cabeza. Y eso precisamente es lo que hizo en un momento inesperado.
-¡Haaaaay!- dijo una vocecita.
-¡Huy! - Zulú se sobresaltó. Un bichito alado había chocado  en un lateral de su cara - ¿Qué ha pasado?
- ¡Hay! Qué tortazo. ¡Hay!  mi alita se ha aplastado.
- ¡Caramba! ¿De dónde has salido?
- No ves tonto, estaba volando.
- Sí pero qué haces aquí.
- ¡Y qué más da!
                      Esa contestación el gato no la iba a dejar pasar así como así, habiendo sido él molestado. Se levantó y se puso en jarras. Quedó mirando al bichito alado, esperando una disculpa. 
      - No, no me mires así, perdona, ha sido sin querer, sólo me ha llamado la atención tu orejita y quería ver… Huy ¿Me ayudas a enderezar la alita?
Zulú no se dio todavía por entendido
-       -   ¿Y qué querías ver, si se puede saber?  
-       -    Nada, tu orejita se movía….
-       -    ¿Y buscabas el mejor lugar para pinchar tu aguijón?
El bichito se estaba poniendo nervioso
-       -   Yo no tengo aguijón. Si te fijas solo TENGO ALAS
-       -   Vale, sin sulfurarse. Pues te informo que mis orejas son precisamente muy sensibles y se da la circunstancia que me las estimo. En todo caso, se miran pero no se tocan.
-       -   ¿Sí? Bueno, pues yo puedo tocarlas sin tocarlas. ¿Comprendes?
-       -   ¡Vaya!.... Una graciosilla mentirosa. Ya me dirás cómo puede ser eso.
-       -   Yo NO SOY MENTIROSA.
La conversación no llevaba a ninguna parte. Zulú pensó que era mejor zanjar la cuestión y olvidar el tema. 
-        -   Mira, será mejor que vayas a revolotear a las flores- le señaló una planta rastrera con bonitas flores color lila – Allí te puedes divertir un rato.
-       -   ¿Y cómo sabes que me gustan las flores?
-        -    ¡Jolín con la polilla ésta!
-        -   YO NO SOY POLILLA
-        -   Está bien, está bien, no chilles – Tampoco era la intención de Zulú alentar la discusión – Tienes razón, mirando bien tus alas, son poco comunes y además muy bonitas. No puedes tener aguijón - Se acercó todo lo que pudo  y le ayudó a enderezar la alita aplastada -Pero tampoco pareces una mariposa. ¿Cuál es tu nombre?
-        -   Me llamo Tin.
-        -   ¿Tin? ¿Qué nombre es ese?
-        -   Pues Tín -respondió ya un poco arto el bichito. ¿Tan difícil parece?
-          No, desde luego – reconvino el gato -pero parece el diminutivo de un nombre. Casi todos los nombres  tienen diminutivo.
-        -   Bueno, pues el mío no- Dijo el bichito – no tengo nada de munitivo ese. Quizá lo entiendas mejor si te presento a  mis amigos.
-        -   Mas bichitos alados, claro.
-        -   Pues no, LISTO. Mis amigos son más grandes que tú.
Eso a Zulú sí que se le antojó aún más extraño.
-        -   Haaaaayy mentirosillo ¿Tan altos como yo? No lo creo. ¿Tú con unos amigos tan grandes como yo? Habría que verlo.
-        -   ¿Por qué no? Bueno, a mí me lo parecen, aunque no voy tomando medidas a nadie, por ahí.
Mientras hablaba, el bichito, acariciaba sus alitas. Todavía sentía incómoda la posición del ala. Zulú se le volvió a cercar de nuevo y trató de nivelar ambas alas.
-        -    Vamos, déjame ver si éstas alitas se recolocan del todo – alisándolas, se dio cuenta de su textura y suavidad- Son preciosas y desde luego poco corrientes.- Alisó y acarició unas cuantas veces más hasta que el bichito aleteó para probar la libertad de movimiento.  Zulú se le quedó mirando y preguntó - ¿Y dónde están esos amigos tuyos?
-        -    ¿Quieres conocerlos? Tendrás que andar un poco pero están cerca de aquí. Ven sígueme.
-        -   No pretenderás que vuele. ¿Verdad?
-        -    Claro que no Don tonto, tu sígueme, que tienes buenas patas. Y gracias por ayudarme.
                                     A los gatos se les puede adjetivar todo lo que se quiera, pero de lo que más pecan es de curiosidad y de un grado bastante alto. Zulú no se iba a quedar sin saber algo más del ejemplar con el que se había topado, o mejor dicho había chocado contra él.
                                     ¿Una mariposa con unos amigos tan grandes como él? ¡Insólito! Y curioso, muy curioso. Iba a enterarse, porque al fin y al cabo ¿Cuántas veces tenía oportunidad de hablar con alguien? Pocas. Quitando de algún ¡miau! Y ¡ffub! de él mismo, porque su ama no hablaba mucho con él y si lo hacía no era precisamente en su propio idioma.
                                     Atravesaron matorrales y unas grandes palmeras. Era verdad, no estaban muy lejos. El lugar rodeado por piedras y maleza proporcionaba un escondite aparentemente bien protegido. 
                                    Y allí mismo estaba, no podía ser ¡Un conejo! Se encontraba en el hueco que formaban dos piedras entre sí.  Arañaba el suelo y se adentraba cada vez más como si intentara formar allí mismo su propia madriguera. Pero su instinto animal le hizo notar de inmediato la presencia de otro, dejó de cavar y lentamente se volvió  para encontrarse con los ojos pasmados de Zulú.
-          Iiiiihhhh. –El chillido del conejo dejó aún más perplejo al gato que observó  cómo empezaba a temblar de arriba abajo. Y por si no fuera poco raro,  su cuello emitía un brillo que casi lo cegó. 
                             Zulú iba a abrir la boca para decir algo pero quedó congelada a medio camino, porque entre el conejo y él apareció una pelota con asa. Parpadeó y vio, era un pollito rollizo con una media cresta y ojos tan desafiantes que advertían que estaba dispuesto a dar picotazos a quien fuera. Picotazos con un pico que no existía ni veía por ninguna parte. ¿Era cierto lo que veía o era la cola del sueño anterior?     Nada de nada, en ese momento lo único cierto era, ser consciente de tener el parentesco con una estatua. No podía moverse un milímetro. Su cara debía ser un poema. Bueno, ya no sabía si tenía cara.
                            No imaginaba qué esperaba encontrar en los amigos de Tin, pero la verdad es que no estaba preparado para éste encuentro.
                            Sucedió todo tan rápido que al pobre Tin no le dio tiempo para hacer las presentaciones y lo más rápido que pudo se dirigió a sus compañeros.
-      -   He encontrado a éste amigo, no me ha dado tiempo a advertiros. Lo siento.
-      - Y éste amigo ¿Cómo se llama, si se puede saber?- Preguntó la pelota, perdón, el pollito.
               Zulú encandilado aún no sabía que tenía que contestar.
El bichito alado se posó en su hombro y aleteó sus alitas.
-      -   No me has dicho tu nombre – le dijo casi al oído.
Terminó por dejar el último pedazo de asombro en el talón de sus patas y contestó.
-      -    Ejem, ejem. Me llamo Zulú, bueno, me llaman.
El pollito se comportaba como todo un pollo adulto encarándose a Zulú.
-      -   ¿Has venido a buscar el Don?- Le preguntó.
-      -    Ejem. ¿El Don?- Pensó dos segundos -No. El título de Don no me cuadra. Don Zulú, no….. no...    
          No  va conmigo.
-      -    Entonces, ¿Qué hace aquí Tin? ¿No le has explicado?....
-      -   No he podido –se adelantó a decir Tin- Es que nuestro encuentro ha sido un tanto accidentado.
-      -    ¿Accidente? – se atrevió a intervenir el conejo que  todavía temblaba- ¿Estás bien Tin?
-      -   Sí, si, no te preocupes, es sólo que hemos chocado. Después me ha caído bien el tipo y lo he invitado a conoceros.
-      -   Aaaah aaaah -se adelantó el pollito- Deja ya de temblar Valen, el gato no nos va a comer.
  Zulú  abrió los ojos de golpe.
-      -   ¿Pensabais que os iba a comer?
-      -   Uno no sabe nunca las intenciones de alguien que aparece así tan de repente sin avisar -Contestó el pollito- Me llamo San, y orejas largas Valen. Seas bienvenido.
-      -   Hola Zulú, bienvenido a éste humilde rincón- Habló el conejo a penas repuesto.
-      -  ¿Valen?, encantado- dijo Zulú.  ¿San?, mucho gusto. Tin me había hablado de unos amigos que eran tan grandes como yo y no podía dar crédito, pero veo que no iba mal encaminado.
-      -    ¿Te preocupa la altura? – comentó Valen.
-      -    No necesariamente. Sólo si el otro es un adversario.
-      -   Vaya, nos vamos entendiendo- Se adelantó a decir San- yo creo que  la altura viene por los genes de cada uno. ¿No? Así tendrás los de tu padre y tu madre.
-      -   Yo creo que tendré más bien los de mi ama que en vez de utilizar el ganchillo nº dos, cogió el uno.
-      -   Ja,ja,ja
-      -    Ja,ja,ja -Se echaron a reír todos.
-      -   A nosotros nos pasa lo mismo –reía con ganas San. -Debía ser el ganchillo muy gordo, mira cómo estoy.

-      -    ¿Y el azul? – Continuó Valen.
-      -   El azul qué...
-      -    ¿Cómo eres azul? Es un color inusual.
Zulú se tomó un instante antes de contestar.
-      -    Pues no estoy muy seguro. También es cosa de mi ama.  ¿Sabéis la canción de “el gato que está triste y azul”?
-      -    No. No. No contestaron al unísono.
-      -    Huy, perdonad, mi pensamiento se inclina siempre hacia la música. Bueno pues, puede que se inspirase en esa canción. ¡Vamos, digo yo! No lo sé con certeza.
Valen atento al comentario del gato le pareció detectar un puntito romántico.

-     -    Bueno de cualquier manera te consideramos ya nuestro amigo
-     -    Pues muchas gracias -Zulú, ¡como no!, se sentía alagado. – Lo mismo digo. Hacéis un magnífico trío San –Valen –Tin.
-     -   Sí, nacimos el mismo día y casi a la misma hora. El día de los corazones enamorados.
San, estaba empezando a tener una voz más infantil. Y con la cara de felicidad añadió
-     -    Y todos recibimos un don.
La cosa se estaba poniendo interesante, Zulú de un salto se sentó en lo alto de la piedra. Una posición ventajosa para observar a todos y hablar cómodamente
-      -    Ahhh. Un don.
El bichito volador, un rato callado intervino por fin.
-      -   Yo puedo volar, buscar, y encontrar a quien necesita felicidad.
-      -    Y de paso repasas el arte de flirtear –observó San.
-      -    Calla tonto- y le tiró a su cresta una gran hoja de hiedra- Y tu te zampas todo lo que encuentras a tu paso ¿Verdad?
-      -   ¿No sabes que soy omnívoro?
-      -    ¿Omnívoro? Más bien gordívoro. Y canijo.
-      -      Mejor así, porque de esa manera puedo colarme más fácil por los huecos y defender mejor éste lugar.
El gato sin querer herir quiso alentarle.
-      -   Cuando te hagas mayor, aún lo defenderás mejor.  
-      -     San no quiere crecer- ahora fue Valen quien habló.
-      -     ¿Por qué no?   -Fue la pregunta de Zulú, dirigiéndose a San para que él mismo contestara.
-      -    Porque los mayores tienen muchos problemas. Yo siempre voy a ser pequeño.
  Gato y conejo cruzaron miradas cómplices e hicieron un amago de sonrisa.
-       -      ¿Y también tienes ese don? - siguió preguntando el gato.
-       -     No, mi don consiste en distinguir quién dice la verdad y si es merecedor de la felicidad.
-       -     ¡Guau!. Digo, ¡Miau!. ¿Y quién da esa felicidad, tú? – Zulú estaba ya embalado.
-       -    Yo- Valen se había sentado también para poder dirigirse mejor a Zulú quien puso cara de interrogación pero sin articular palabra.
-      -     Sí, yo –sacó su mano de la espalda y le enseñó lo que escondía - Poseo éste corazón, pero no es un corazón cualquiera. Es un corazón mágico – La expresión de Zulú cambió a la de asombro- Un corazón mágico que quien lo toque será feliz. Por eso la importancia de asegurarnos quién la recibe sea vital.

-      -     Bueno, todo el mundo tiene derecho a ser feliz ¿No? - Dijo AZulú-
-      -     Esa es la teoría, pero la práctica es bien distinta. ¿Merecen ser felices, los que torturan? ¿Los que matan? ¿Los que infringen tanto dolor? El arrepentimiento no siempre es verdadero.
-       -    Visto así tienes razón. Pues es una gran responsabilidad la que tenéis.
-       -   Sí, unimos nuestros corazones para reforzar éstos dones.. Aunque a veces es muy cansado. ¿Tú eres  feliz?
No tuvo mucho que pensar la respuesta.
-        -    Pues yo creo que sí. Tengo todo lo que quiero. Un ama que me quiere, me alimenta me cuida. Tengo mi casita mi hobby que es la música y ahora amigos. No deseo nada más.
-        -     Bueno nunca se sabe pero si alguna vez nos necesitas no tienes más que invocarnos.
-        -     Muchas gracias. Caray, sois realmente unos buenos amigos. Y dime Valen, lo que llevas al cuello ¿Qué es?
-        -    Esto –Valen tomo en su mano el coranzoncito de plata que llevaba alrededor del cuello- es el emblema o representación simbólica del compromiso al que nos hemos sometido para llevar un poquito de felicidad a aquellos que no la tienen. Si lo conseguimos crecemos en sabiduría y eso nos ilusiona muchísimo.
-       -     Es un cometido muy altruista. Sois unos animales fantásticos. Me alegro de haberos conocido.
-       -   Ehhhh- Revoloteó el bichito- ¿Qué os parece si hacemos una fiesta?

-       -     Sí ¿Por qué no? -Dijo San. 
-     -    Tu siempre te apuntas ¿Eh?
No es por nada, pero aquí la que suscribe no puede  acudir a la fiesta. Y no es porque no haya sido invitada, si no porque el sueño amenaza con dejarme desplomada en el teclado. Ni me enteraría del jolgorio que armarían. Además, éste Sket ya debería haber visto la luz, dentro de la octava de San Valentín. ¡Qué se le va a hacer!
Si habéis llegado hasta aquí, os doy mis más sinceras gracias, espero haberos entretenido. Pero si he conseguido formar una sonrisa en vosotras me sentiré mucho más gratificada. Hasta pronto y besos para cada una de las que me visitáis.
                          Nita.